
Hace unos cuantos fines de semana me fui con mi amiga Chasca y mi amiga CG a Mendoza. El tema partió surrealista. La CG se iba a ir desde Viña, y con la Chasca teniamos que trabajar el Viernes hasta la 1:30pm. El Jueves llamamos por teléfono para averiguar qué buses iban a Mendoza en la tarde. El lolito de Informaciones me dijo "O'Higgins, El Rápido, Andesmar, ssshiarr, Cata". ¿¿¿Qué??? "O'Higgins, El Rápido, Andesmar, Ssshiarr, Cata" Yaaaa.... Muertas de copucha de qué podría ser Sssshiarrr, partimos al terminal Santiago. Sssssshiarrr era "Chi-Ar", empresa mula de transportes que salió en Contacto por un rollo de unos pasaportes falsos y redes de delincuencia... yupi. Al final O'higgins nos convenía por horario, así que ahí nos fuimos. Era un minibus, a mí me tocó arriba de una rueda, donde había un fierro caliente que literalmente me quemó la pierna. El periplo empezó con un DVD de La Ley Unplugged (guac), siguó con Diego Torres Unplugged (más guac) y derivó finalmente a Maná Unplugged. Aquí yo pensé que ya era lo peor, pero no debí haber pensado eso. Porque después de una parada, vino la segunda parte: el chofer (un gordo argentinísimo, enfermo de puntudo) decidió que ya estaba bueno de aire acondicionado, abrió la escotilla y puso a Luismi, los boleros, a lo que se dice toda corneta. No sólo una vez, sino que 3 veces completas. Además el "sobrecargo", un chileno que se argentinizaba a pasos agigantados, cantaba a voz en cuello "Tú, la misma de ayeeer..." Horror. Con Chasca nos carcajeábamos en medio de los remolinos de viento de la escotilla. Llegamos al paso Los Libertadores. Vino el clásico trámite aduanero. En eso don Gordo Argentino nos hace sentar, y a voz en cuello nos dice que hay que pasarle propina al socio de las maletas. Y entonces saca un vasito plástico, con monedas, y las empieza a hacer sonar y a vociferar: "¡¡La moneditaaaa, la moneditaaaa!!" mientras pasaba por los asientos. Insólito. Al subirnos de nuevo al bus, vuelta a Luismi. Pero al parecer al cruzar la frontera su alma gaucha se inflamó de ardor y cambió al azteca por un compilado con lo más granado de la cumbia de allende Los Andes. Una tortura, seguida por Rock'N Roll (shubapabuduba-shuba-pa-pa, Tuttifrutti.....). Miscelánea la cosa. Y bueno, llegamos exhaustas al terminal, donde nos esperaba una llorosa CG, que juraba que llegábamos a las 8 pm y no entendía por qué eran las 11:30 y no aparecíamos. Igual, mal acompañada no estaba: había conocido un alemancito harto lindo. Y bueno, nos fuimos las tres al hotel, todo rico, día siguiente de shopping, perdimos a CG en acción, que se quedó con su germano. Pero lo mejor vino el Domingo. Nos fuimos (Chasca y yo) a las Termas de Cacheuta. Nos pasaron a buscar al hotel y nos tiraron altiro al circuito termal. Piscinita tibia, chorros fuertes, masajes de burbujitas (con familia de chilenos gritando el ceacheí, pero bueno...), baño de vapor, baño de barro (de ahi es la foto...) y chapoteo en las piscinas termales. Así hasta la hora de almuerzo (buffet, exquisito), siesta, masaje de relajación y vuelta al circuito. Todo perfecto. Aunque en el masaje, en el box de al lado, había una vieja depre que casi me corta los chakras. Onda "es que a mi edad nadie te da trabajo, nadie te pone atención, no me toqués esa cicatriz que me da impresión, es de una operación de hace 7 años, la pantorrilla tampoco, el otro día me miré en el espejo y me vi tan vieja, gorda, decadente, todo colgando, es horrible esto de la edad, he estado tan deprimida, bla, bla, bla..." Todo esto a voz en cuello, sin ningún segundo de respiro, en tono quejumbroso. Yo me empecé a poner tensa, ganas de gritarle "¡¡¡Cállate, viejuja!!!", pero me comporté. Por suerte la masajeadora le ordenó que se callara, y de ahí todo fue paz. Y bueno, todo este lujo digno de las cesantes que somos nos salió como 28 lucas por nuca, el dia completo. Paraíso al alcance de la mano. Así que ya junto dolarillos para volver a Cacheuta...













Soy enferma de televita. Y una de las series que me tiene cautivadísima últimamente es Grey's Anatomy. Para los que no la ven: típica serie de doctores, en donde la protagonista (Meredith Grey) se enamora del guapísimo doctor que adorna este post. Ella y sus amigas le dicen "McDreamy", por lo rico. Y bueno, le resulta. Se aman. Todo bien. Hasta que aparece la señora oficial de McDreamy, que cobarde él se había olvidado de mencionar. Y ahí queda Meredith, botella y sufriente. Y la mujer oficial sufre también, porque por más pino que le pone, el famoso McDreamy sigue enamorado de Grey y no la pesca ni en bajada. Pero obviamente no hace nada. Nada de nada. Estático. Hasta que Meredith se mete con otro, y claro, él la trata de puta, suelta, etc. Y claro, ahí engancho yo. El tipo es un cobarde mamón capaz de sacrificar toda su gris existencia con tal de no hacer olitas. Un miserable perro del hortelano, incapaz de comer y muy preocupado de que nadie más coma. Ajjj. Es el dedo en la herida para mí. Estoy en mi cruzada personal en contra de la cobardía, de la que me rodea y de la propia. Tengo mi propio McDreamy (lo menos Dreamy del mundo, pero en fin) que me hace morir de amor. Pero es cobarde. Muy cobarde. Con eso me hiere, y mucho. Puta que duele. Y más me duele saber que su cobardía me hace cobarde, porque no logro sacarlo de mi vida. Me da pánico. Las veces que he tratado de extirparlo me ha dolido demasiado. Pagaría por cauterizarme el pedazo de cerebro donde lo tengo incrustado, algo así como un remake del Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos. Pero no puedo. Y mientras él sigue con su aburrida vida, en la que yo soy un accesorio entretenido y brillante pero muy innecesario, yo trato con todas mis fuerzas de olvidarme de él, de que su gordura no me enternezca sino que me repugne, de que su cobardía finalmente me decepcione, de lograrlo ver en toda su liliputiense realidad. Y no puedo. Con todos sus apestosos defectos, sigue siendo mi McDreamy. Pero voy a erradicarlo, como sea. No quiero que su cobardía me haga mierda. Ni quiero seguir siendo cobarde. Así tenga que morirme un rato de pena. A Meredith todavía no le resulta. Habrá que ver si tengo mejor suerte...
Todo partió el Sábado 1 de Agosto. Fue la fiestoca de mi amiga Teresa, toda farandulera ella. A pesar de que yo no tenía nada que ver, asumí que la fiesta era mía y partí celebrando mi cumpleaños en fiesta ajena. Top. Excelente estuvo. Como ando de recién soltera, ando de lo más liberada. Onda que me puse un vestido rojo sangre, cosa de no pasar desapercibida. Y bailé, muchísimo. Me hicieron sanguchito entre dos minos increíbles. Se agradeció bastante, me dejaron lista para un mes completo. La fiesta tenía un toque surrealista: Rafael Cavada bailaba sin polera ante la indiferencia general, y Bastián Bodenhoffer jugaba a ser Miguel Bosé, mientras yo no podía dejar de pensar que yo lo veía llorar por Nice mientras comía marraqueta con margarina y leche con Milo. Farándula. Terminé en el Casa Cena, comiendo machas a la parmesana y camarones al pil-pil a las 6:30 am, invitada por un amigo. Al día siguiente me declaré agonizante, hasta las 8:30pm, hora en que salí a comer con mi papá a un restaurant riiiico. El Lunes me invitaron a comer mis hermanitas. Yo estaba raja, así que ni me dio para arreglarme. Error: fuimos al Amorío, y entre pura gente linda yo andaba con mi mejor pinta de profesora de básica a mal traer. Aparte de un desfile farandulero (incluyendo a mi eterno y casi senil amor platónico, Panchito Reyes), estaba el protagonista de Crimen Ferpecto, excelente película española. Como estaba de cumpleaños, me armé de valor, me guardé el pudor y la plancha en un oscuro lugar y le fui a pedir un beso de feliz cumpleaños. Jejeje, harto viejita para ponerme groupie, pero bueno. Y al día siguiente... ¡¡Cumpleaños!! Fueron mis grandes amigos a verme. Me pasé dos horas pelando y desvenando un kilo de camarones ecuatorianos, pero valió la pena. Me tomé dos mango sours, que dado que soy abstemia me dejaron bastante a mal traer, equilibrándome apenas en mis zapatos de leopardo. En eso llegaron todas mis amigotas del colegio: la Tere, la Leti, la Marce, la Andrea y la Paloma. Mucho misterio, mucho preguntarme si los demás amigos que estaban en mi casa eran de confianza. Porque claro, me querían entregar mi regalito, y les entró algo de pudor a algunas. El regalo no era otra cosa que... ¡un vibrador nuevecito de paquete! Y de color púrpura, lo más cercano a Moradín que encontraron. A pesar de que Moradín es irreemplazable por ser el primero, mi nuevo juguete es increíble, ya que cumple con todas sus funciones esperadas. De hecho, ya es el hombre de esta casa. Duerme a mi lado, y le paso el control remoto a veces. Y me río cada vez que lo veo, y me acuerdo de todos mis amigos que estaban en mi cumpleaños, lo bien que lo pasé. Ojalá fuera como en Alicia en el País de las Maravillas, para celebrar los no-cumpleaños, y hacer estas cosas más seguido.

